La distorsión en la cadena de valor pesquera en Perú revela un problema estructural que impacta la confianza del consumidor y la sostenibilidad marina. En distintos mercados locales, productos vendidos como especies de alto valor corresponden en realidad a tiburones o peces de menor precio.
Durante marzo de 2026, investigaciones recientes detectaron sustituciones sistemáticas en puntos de venta y distribución. Comerciantes ofrecieron pez espada y corvina, pero análisis genéticos confirmaron la presencia de tollos y otras especies. Este fraude pescado altera precios y debilita la transparencia comercial.
Fraude pescado y distorsión de precios
El fenómeno genera una asimetría de información que afecta tanto a consumidores como a pescadores formales en Perú. Además, la sustitución de especies impacta la trazabilidad, elemento clave en mercados internacionales.
Asimismo, la comercialización irregular de tiburones bajo otras denominaciones dificulta la regulación pesquera. Esto resulta crítico en un contexto donde varias especies enfrentan presión por sobreexplotación.
Por otro lado, el fraude pescado compromete estándares sanitarios y certificaciones de exportación. En consecuencia, se incrementa el riesgo reputacional para el sector pesquero sudamericano.
Impacto económico y riesgos regulatorios
El problema trasciende el ámbito local. También influye en la competitividad de productos peruanos en mercados globales. Las distorsiones afectan contratos, precios de referencia y confianza en cadenas de suministro.
De igual manera, la falta de control efectivo abre espacio para prácticas informales que erosionan ingresos fiscales. Esto limita la capacidad del Estado para financiar políticas de sostenibilidad pesquera.
Además, estudios recientes identificaron que más del 30 por ciento de las muestras analizadas en mercados urbanos no coincidían con la especie declarada, lo que refuerza la magnitud del problema en la región.











