El deterioro del poder adquisitivo volvió a impactar sobre uno de los indicadores más sensibles del consumo argentino. La compra de carne vacuna registró en abril una nueva contracción y consolidó uno de los niveles más bajos de las últimas dos décadas, en un contexto marcado por inflación persistente y cambios en los hábitos alimenticios.
El mercado cárnico argentino mostró una caída interanual de 6,8 por ciento durante abril de 2026. El retroceso se produjo pese a una desaceleración parcial en algunos precios minoristas y dejó en evidencia la pérdida de capacidad de compra de los hogares. Además, el consumo per cápita anualizado se ubicó cerca de los registros más débiles desde 2005.
La reducción del consumo de carne vacuna también refleja una sustitución progresiva hacia proteínas más económicas. El pollo y el cerdo ganaron participación dentro de la dieta familiar argentina durante los últimos meses. En consecuencia, frigoríficos y cadenas de comercialización comenzaron a ajustar estrategias para sostener márgenes operativos frente a una demanda debilitada.
Consumo de carne vacuna y presión sobre el mercado interno
El sector mantiene preocupación por la sostenida caída del mercado doméstico, históricamente clave para la actividad ganadera argentina. Asimismo, la volatilidad macroeconómica continúa condicionando tanto la producción como la comercialización minorista.
Diversos operadores advierten que el consumidor prioriza volumen y precio por encima de la calidad premium. Del mismo modo, la suba acumulada en servicios esenciales limita la recuperación del gasto destinado a alimentos tradicionales.
La dinámica actual también coincide con una menor faena y con tensiones en la rentabilidad del negocio exportador. Además, el comportamiento del dólar y los costos logísticos mantienen presión sobre toda la cadena agroindustrial.
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