El desafío al que se enfrentan los sistemas de salud contemporáneos gira en torno a mantener su sostenibilidad financiera sin sacrificar el acceso a medicamentos esenciales, en un contexto de incremento sostenido del consumo global de fármacos.
Un reciente informe de IQVIA proyecta que el uso total de medicamentos alcanzará los 4 billones de dosis diarias en menos de cuatro años y que el gasto mundial en fármacos superará los 2,6 billones de dólares en 2030, con un crecimiento anual estimado entre el 5 % y el 8 %. Este fenómeno no es transitorio sino reflejo de tendencias profundas impulsadas por enfermedades crónicas y la adopción de terapias innovadoras.
La expansión del consumo farmacéutico revela una presión financiera creciente sobre los presupuestos sanitarios. Países con mayor PIB per cápita, liderados por Estados Unidos, concentrarán cerca del 76 % del crecimiento del gasto farmacéutico hasta 2030 debido a su rápido acceso a innovaciones terapéuticas.
Acceso sostenible y gasto farmacéutico
Del mismo modo, este incremento plantea un reto de equidad y sostenibilidad. La creciente demanda de medicamentos modernos implica mayores costos para sistemas sanitarios públicos, generando tensiones entre la necesidad de garantizar acceso y la capacidad de financiarlo en el largo plazo. Políticas eficientes que equilibren accesibilidad, disponibilidad y asequibilidad resultan esenciales para la cobertura universal de salud y la sostenibilidad del sistema.
Además, la brecha entre economías emergentes y consolidadas se acentúa. Mercados como China muestran dinámicas de crecimiento del consumo que podrían duplicar su índice de uso farmacéutico para 2030, mientras regiones maduras como Europa Occidental presentan tasas de expansión más moderadas.
Este contexto obliga a revisar las estrategias de financiamiento sanitario, integrando criterios de sostenibilidad que consideren la estructura demográfica, la innovación terapéutica y la eficiencia en la asignación de recursos.











