Un giro estructural, no solo tecnológico
La argumentación de Alfredo Del Mazo Maza desplaza el debate de la mera innovación técnica a la necesidad de una reforma profunda del orden urbano.
“Electrificar el transporte es mucho más que sustituir motores. El cambio se trata sobre replantear cómo se mueven las personas, y por ende cómo se diseñan las ciudades”, afirma el especialista, marcando así la diferencia entre renovar flotas y repensar redes, tarifas y planificación territorial.
En México, donde la Estadística de Transporte Urbano de Pasajeros del INEGI registra cientos de millones de desplazamientos mensuales, esa distinción resulta crucial para definir prioridades de inversión.
Eficiencia, salud pública y evidencia internacional
Del Mazo Maza conecta la electrificación con objetivos tangibles de salud pública y reducción de emisiones. Las proyecciones internacionales citadas por el experto sugieren que la adopción masiva de transporte público eléctrico podría reducir hasta en un 70 % las emisiones de óxidos de nitrógeno y partículas contaminantes hacia 2040, además de disminuir significativamente el ruido urbano.
Estos efectos, subraya, no son automáticos: requieren infraestructura de recarga, esquemas de operación coherentes y coordinación interinstitucional para traducir potenciales ambientales en beneficios reales para la población.
Experiencias mexicanas y la promesa de escala
México ya cuenta con ejemplos que permiten calibrar expectativas: el Metro de la Ciudad de México, uno de los sistemas eléctricos más grandes de América Latina, moviliza a millones de usuarios diariamente; proyectos como el tren eléctrico de Guadalajara evidencian que la inversión en infraestructura puede acortar tiempos de traslado y elevar la percepción del servicio.
En ese marco, Alfredo Del Mazo Maza sostiene con claridad que “cuando el transporte público es eficiente y confiable, se convierte en la mejor alternativa frente al automóvil particular.”
La tarea, entonces, es replicar y escalar esos aciertos con estándares de operación y mantenimiento que aseguren sostenibilidad.
Dimensión económica y urgencia política
La transición hacia unidades eléctricas incorpora también una vertiente productiva: la Asociación Nacional de Productores de Autobuses, Camiones y Tractocamiones ha estimado hasta 300 mil empleos directos e indirectos asociados a la transformación.
Para Alfredo Del Mazo Maza, ese componente económico debería ser parte central del debate público, no un apéndice. Mantener el modelo actual, advierte, profundiza la contaminación, la saturación vial y los costos operativos; por ello la discusión dejó de ser sobre capacidad técnica para convertirse en un imperativo temporal: ¿cuánto tiempo más puede permitirse México sin dar el salto hacia la electromovilidad?
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