La escalada militar entre Estados Unidos, Israel e Irán ha desencadenado una profunda reconfiguración en los mercados financieros internacionales, con España y los principales centros bursátiles europeos registrando una marcada aversión al riesgo. Los precios del oro avanzaron decisivamente cuando el metal refugio atrajo flujos de inversión intensificados por la incertidumbre geopolítica y la presión inflacionaria vinculada al crudo.
En las sesiones recientes, los precios spot del oro superaron el umbral de $5,300 por onza en los mercados internacionales, marcando niveles no vistos desde comienzos de marzo de 2026. Este repunte refleja la intensificación de tensiones tras ataques coordinados en Oriente Medio, que han profundizado el nerviosismo de los inversores y aumentado la percepción de riesgo global.
Asimismo, la búsqueda de activos seguros se ha extendido más allá del oro, con la plata también evidenciando revalorizaciones significativas en intercambios físicos y de futuros. La fortaleza de los metales preciosos ha coexistido con la caída de los principales índices accionarios europeos y asiáticos, evidenciando una correlación negativa entre riesgo geopolítico y activos de riesgo convencional.
Condicionantes globales y perspectivas para el oro
Además, el impacto de las tensiones sobre los precios energéticos ha reforzado la narrativa del oro como refugio frente a posibles presiones inflacionarias derivadas de un petróleo cotizando cercano a niveles superiores a los $90 por barril. El estrecho de Ormuz permanece como un punto crítico para el tránsito de más del 20 % del petróleo mundial, amplificando el premium de riesgo sobre las materias primas energéticas.
Del mismo modo, el fortalecimiento del índice dólar ha limitado parcialmente las ganancias del oro en términos relativos, aunque no ha sido suficiente para detener el flujo hacia activos considerados reserva de valor en períodos de estrés.











