Un entorno macroeconómico volátil puede convertirse en terreno fértil para los inversionistas que saben identificar oportunidades estructurales. En el caso de México, la renta variable en mercados emergentes comienza a atraer nuevamente los reflectores institucionales. La combinación de políticas monetarias más estables, mejoras fiscales selectivas y expectativas de crecimiento diferenciadas configura un entorno más propicio para el capital extranjero.
La reapertura del ciclo de recortes de tasas por parte de algunos bancos centrales emergentes ha comenzado a traducirse en estímulos adicionales para los mercados bursátiles de la región. En particular, América Latina se posiciona como una de las zonas con mayor potencial gracias al diferencial de tipos de interés frente a los países desarrollados, lo que genera un atractivo adicional para los portafolios globales orientados a yield.
Perspectivas favorables para la renta variable
Entre los elementos que están redefiniendo la narrativa de inversión en estos mercados se encuentra la resiliencia en el consumo interno y la digitalización acelerada en sectores clave. Además, el nearshoring continúa beneficiando a países como México, donde la atracción de nuevas cadenas de suministro se refleja en la capitalización de ciertas emisoras listadas en la BMV.
El panorama fiscal más sólido en varias economías emergentes también ha reducido los riesgos soberanos, lo que se traduce en una percepción de menor volatilidad relativa. A esto se suma una menor correlación con los ciclos de los índices de Wall Street, lo que fortalece el papel de los emergentes como vehículo de diversificación.
Según datos recientes del FMI, se espera que las economías emergentes crezcan en promedio 4.1% en 2025, frente a un 1.4% estimado para economías avanzadas. Este diferencial podría reforzar el flujo hacia activos de renta variable en países como Brasil, México, India e Indonesia.
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