Un reciente episodio diplomático entre México y Ecuador encendió los reflectores sobre un sector poco visible pero crucial: el mercado del atún. Esta industria, dominada por flotas altamente especializadas, es una pieza estratégica dentro del comercio marítimo mexicano y un componente relevante en las relaciones comerciales regionales.
La Armada de Ecuador interceptó dos embarcaciones mexicanas frente a las Islas Galápagos, bajo el argumento de presunta pesca ilegal en su zona económica exclusiva. Las embarcaciones, identificadas como buques atuneros, fueron escoltadas hasta Puerto Ayora y sus tripulaciones, retenidas temporalmente. Aunque liberadas posteriormente sin cargos penales, el incidente generó preocupación en la industria atunera mexicana por la posibilidad de nuevos obstáculos regulatorios o de acceso a zonas clave del Pacífico.
Regulación internacional y acceso a zonas pesqueras
La flota atunera de México cuenta con más de 70 embarcaciones autorizadas para capturar atún aleta amarilla, listado y barrilete. Buena parte de su actividad se concentra en el Pacífico Oriental Tropical, una región cuya regulación está sujeta a tratados multilaterales, principalmente bajo la Comisión Interamericana del Atún Tropical (CIAT). La cooperación en esta área es esencial para garantizar la sostenibilidad del recurso y evitar conflictos jurisdiccionales.
Además de abastecer al mercado interno, México exporta atún procesado a Estados Unidos, la Unión Europea y América Latina. En este contexto, los roces con Ecuador pueden afectar no solo la logística pesquera, sino también la reputación internacional del sector.












