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Pollos Río: el negocio familiar que lleva 80 años vendiendo pollo a la leña

Antes de las aplicaciones de delivery, las cadenas internacionales y los pollos rostizados de supermercado, ya existía Pollos Río.

La historia comenzó el 8 de mayo de 1946.

Doña Carmen Covarrubias abrió un pequeño establecimiento en la colonia Nueva Anzures, en la Ciudad de México.

Su objetivo era conseguir un mejor futuro para sus cuatro hijos.

Ochenta años después, aquella pequeña rosticería continúa teniendo descendencia comercial.

El nombre nació porque no alcanzaba el dinero

Incluso el nombre tiene una historia empresarial.

Después de invertir sus ahorros en la renta y adaptación del establecimiento, Carmen Covarrubias tenía recursos limitados para colocar el letrero.

De acuerdo con la historia oficial de Río 10, solamente pudo pagar tres letras.

Eligió “Río”, inspirado en los antiguos ríos de la zona.

Una limitación económica terminó creando una marca extremadamente sencilla de recordar.

El pollo a la leña se convirtió en diferenciador

Pollos Río construyó su identidad alrededor de una preparación específica.

Pollo horneado a la leña.

En lugar de abandonar esa fórmula con el paso de los años, diferentes negocios derivados de la historia original continúan utilizándola como elemento central.

Eso resulta especialmente importante en un mercado lleno de alternativas.

El consumidor puede comprar pollo rostizado en supermercados, mercados, restaurantes y grandes cadenas.

Por ello, diferenciar el producto resulta fundamental.

La segunda generación comenzó la expansión

En 1967 llegó otro momento importante.

Alejandro, uno de los hijos de Doña Carmen, impulsó una nueva sucursal en la colonia Del Valle.

Posteriormente, el negocio comenzó a extenderse hacia diferentes puntos de la Ciudad de México y el Estado de México.

La empresa dejó de depender de un solo establecimiento.

Sin embargo, mantuvo su carácter familiar.

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Pollos Río terminó teniendo diferentes ramas

La historia empresarial se volvió más compleja con el paso de las generaciones.

Actualmente existen diferentes negocios relacionados con el origen de Pollos Río.

Entre ellos aparecen Pollos Río 10 y Pollos Río Po.

Cada uno opera con identidad y oferta propias.

Sin embargo, comparten parte de la historia familiar y la tradición alrededor del pollo preparado a la leña.

Esto muestra otro fenómeno frecuente dentro de empresas familiares.

Cuando llegan nuevas generaciones, una misma historia puede terminar creando diferentes negocios.

Río 10 decidió diferenciar hasta el nombre

En 2011, Don Alejandro incorporó el número 10 al nombre de sus sucursales.

Así nació Pollos Río 10.

Actualmente, la compañía afirma que continúa como empresa familiar y que sus sucursales no funcionan mediante franquicias.

Esa decisión resulta interesante.

Muchas cadenas utilizan franquicias para acelerar su crecimiento.

Río 10 optó por mantener el control de sus establecimientos.

De esta manera, puede supervisar directamente operación, producto y experiencia.

Vender pollo ya no es suficiente

El mercado también obligó a ampliar la oferta.

Una rosticería moderna difícilmente depende únicamente del pollo.

Los consumidores quieren paquetes.

También buscan guarniciones, bebidas y alimentos adicionales.

Pollos Río Po, por ejemplo, ofrece combinaciones familiares e individuales con papas, chiles, arroz, ensalada, pan y refrescos.

Además, incorpora productos como postres y preparaciones de temporada.

La lógica comercial es clara.

El pollo atrae al consumidor.

Los complementos aumentan el ticket.

El combo familiar es una poderosa herramienta

El pollo rostizado tiene otra ventaja.

Está diseñado naturalmente para compartirse.

Eso permite construir paquetes para varias personas.

En lugar de vender solamente una pieza, el establecimiento puede agregar papas, arroz, ensalada, pan y bebidas.

Así, una compra sencilla se convierte en una comida completa.

Además, el consumidor obtiene comodidad.

No necesita comprar cada elemento en un establecimiento diferente.

El delivery cambió un negocio de 80 años

Pollos Río nació décadas antes de internet.

Sin embargo, actualmente sus productos también pueden encontrarse mediante plataformas digitales de entrega.

Rappi muestra diferentes establecimientos de Pollos Río en la Ciudad de México y zonas cercanas.

Río Po, por su parte, anuncia entregas mediante Uber Eats, DiDi Food y Rappi.

De esta manera, un negocio nacido en 1946 puede competir dentro del mismo teléfono donde aparecen cadenas internacionales y restaurantes virtuales.

La tradición también tuvo que digitalizarse.

El mercado del pollo es enorme, pero también competido

El pollo tiene una ventaja fundamental dentro de México.

Forma parte de la alimentación cotidiana de millones de familias.

Sin embargo, precisamente por eso existen numerosos competidores.

Supermercados venden pollo rostizado.

También lo hacen clubes de precio.

Existen rosticerías independientes.

Además, cadenas especializadas compiten por precio, tamaño y promociones.

Para una marca histórica, el reto consiste en justificar por qué el consumidor debe regresar.

Ahí entran el sabor, la costumbre y el reconocimiento.

Ochenta años también pueden convertirse en marketing

En 2026, Pollos Río 10 celebra ocho décadas de historia.

Pocas empresas de alimentos pueden utilizar un argumento similar.

La antigüedad transmite continuidad.

Además, permite conectar generaciones.

Una persona puede haber conocido la marca gracias a sus padres y posteriormente comprar el mismo producto para sus hijos.

Ese comportamiento tiene un enorme valor comercial.

La nostalgia puede convertirse en fidelidad.

Pollos Río demuestra el valor de mantener una receta

La industria alimentaria cambia constantemente.

Aparecen nuevos sabores.

Llegan aplicaciones.

Cambian los hábitos de consumo.

También surgen competidores.

Sin embargo, algunas empresas consiguen mantenerse alrededor de una propuesta extremadamente sencilla.

Pollos Río comenzó vendiendo pollo a la leña.

Ochenta años después, esa preparación continúa siendo parte fundamental de su identidad.

El gran negocio de Pollos Río no fue inventar un producto complicado. Fue conseguir que varias generaciones siguieran queriendo comprarlo.

Una pequeña rosticería abierta por una madre para sacar adelante a sus hijos terminó creando una tradición empresarial que sobrevivió durante ocho décadas.

Y en un mercado donde restaurantes aparecen y desaparecen constantemente, permanecer también es una forma de éxito.

REDACCIÓN

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