Las señales de debilitamiento estructural en la economía global se intensifican. La Organización de las Naciones Unidas (ONU) estima que el crecimiento económico mundial será de apenas 2.7% en 2026, por debajo del promedio histórico previo a la pandemia, cuando el PIB global solía expandirse a una tasa cercana al 3%. El pronóstico refleja una convergencia de riesgos persistentes que afectan tanto a economías avanzadas como emergentes.
Estados Unidos, China y la Unión Europea los tres principales motores de la economía global muestran signos de desaceleración simultánea. La economía estadounidense, presionada por tasas de interés elevadas, vería un crecimiento del 1.4% en 2026, mientras que la eurozona proyecta un modesto 1.2%. En el caso de China, la ONU anticipa una expansión de 4.7%, reflejando un proceso de moderación estructural frente a los ciclos expansivos del pasado.
Inflación, tensiones geopolíticas y fragmentación comercial
El escenario de inflación aún elevada continúa limitando la capacidad de maniobra de los bancos centrales, que enfrentan un dilema entre estabilidad financiera y control de precios. Además, las tensiones comerciales y los aranceles bilaterales, especialmente entre China y economías occidentales, están frenando el comercio internacional. De igual manera, la incertidumbre geopolítica derivada de conflictos armados y la transición energética afectan los flujos de inversión global.
Por otro lado, los países en desarrollo enfrentan mayores restricciones para acceder a financiamiento externo, lo cual compromete su capacidad de inversión productiva. La ONU subraya que el panorama actual requiere respuestas coordinadas que prioricen la sostenibilidad del crecimiento sin agravar la desigualdad.











