Una parte esencial del nuevo equilibrio geoeconómico se está definiendo bajo tierra, y China lo sabe. A través de una estrategia que combina control de suministro, procesamiento industrial e inversión internacional, el gigante asiático ha consolidado su dominio sobre los minerales críticos.
Más allá de la extracción, su poder radica en el dominio de las etapas intermedias de la cadena de valor, una posición que otorga a Pekín influencia estratégica sobre sectores clave como la transición energética, la electrónica y la defensa.
El 90% del procesamiento global de tierras raras, más del 60% del litio y el 65% del cobalto pasan por plantas chinas. Esta capacidad de refino no solo garantiza la autosuficiencia industrial, sino que le permite condicionar las dinámicas comerciales de terceros países. En 2024, China produjo el 70% del galio y el 80% del germanio refinado del mundo. Cuando en 2025 limitó las exportaciones de ambos metales, el impacto inmediato en los precios globales fue una señal inequívoca del alcance de su influencia.
Minerales críticos como arma de política exterior
La estrategia china va más allá del abastecimiento. A través de asociaciones con países ricos en recursos especialmente en América Latina y África ha asegurado concesiones mineras que refuerzan su control desde la fuente. Paralelamente, se expande en la fase de manufactura, fortaleciendo eslabones industriales que otras potencias han ido abandonando. Esta integración vertical responde no solo a necesidades productivas, sino a una visión geopolítica en la que los minerales críticos se transforman en palanca de poder.
La Unión Europea y Estados Unidos han empezado a reaccionar. Desde 2024, se han aprobado planes para relocalizar capacidades industriales y reducir la dependencia. Sin embargo, los plazos y costos de estos proyectos contrastan con la velocidad y escala del avance chino.
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