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Duvalín: el dulce mexicano que convirtió la nostalgia en negocio

Hay productos que necesitan reinventarse constantemente para permanecer en el mercado.

Duvalín encontró otra fórmula: seguir siendo reconocible.

El pequeño dulce cremoso forma parte de la memoria de varias generaciones de consumidores mexicanos. Su presentación, sabores y forma de comerlo construyeron una identidad difícil de confundir.

Hoy pertenece al portafolio de Ricolino, compañía adquirida por Mondelēz International en 2022.

La operación colocó a Duvalín dentro de uno de los mayores grupos internacionales de snacks.

Duvalín vende algo más poderoso que chocolate

Parte del valor de Duvalín está en la nostalgia.

Muchos adultos actuales conocieron el producto durante su infancia.

Eso crea una ventaja comercial importante.

Los padres pueden comprarlo para sus hijos mientras recuerdan su propia experiencia con la marca.

El consumidor cambia, pero el vínculo emocional permanece.

Para una empresa, pocas cosas resultan tan valiosas.

La cuchara también construyó la marca

Duvalín no solamente tiene un sabor reconocible.

Tiene un ritual.

Abrir el pequeño envase, utilizar la cuchara y decidir si mezclar los sabores forma parte de la experiencia.

Ese detalle ayuda a diferenciarlo de chocolates, caramelos y otras golosinas.

La industria alimentaria conoce bien esta estrategia.

Cuando la manera de consumir un producto resulta memorable, el empaque deja de ser únicamente un recipiente.

Se convierte en parte del producto.

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Ricolino convirtió los dulces mexicanos en un enorme negocio

Duvalín forma parte de Ricolino junto con marcas conocidas dentro del mercado mexicano de golosinas.

En 2022, Grupo Bimbo acordó vender Ricolino a Mondelēz International por aproximadamente 27 mil millones de pesos, equivalentes entonces a cerca de 1,300 millones de dólares.

La adquisición mostró el valor que pueden alcanzar las marcas construidas durante décadas.

Mondelēz no compró solamente fábricas y productos.

También adquirió distribución, reconocimiento y acceso directo a millones de consumidores.

¿Por qué Mondelēz quería Ricolino?

La compañía ya tenía una enorme presencia internacional con categorías como galletas y chocolates.

Ricolino fortaleció su posición dentro de México.

Además, incorporó marcas con reconocimiento local.

Esto resulta importante porque las multinacionales no siempre necesitan crear productos desde cero.

Comprar una compañía establecida puede ofrecer acceso inmediato al mercado.

Duvalín forma parte de ese activo.

Un producto pequeño puede generar compras enormes

El precio también explica su permanencia.

Los dulces individuales permiten compras impulsivas.

No requieren una decisión financiera importante.

Pueden aparecer en tiendas de conveniencia, supermercados, pequeños comercios y diferentes puntos de venta.

La clave está en el volumen.

Una unidad tiene un precio reducido. Millones de unidades pueden construir un negocio considerable.

La nostalgia se convirtió en una herramienta comercial

Duvalín participa en una tendencia que beneficia a numerosas marcas históricas.

Los consumidores buscan productos relacionados con su infancia.

Empaques conocidos, sabores clásicos y personajes antiguos pueden recuperar relevancia gracias a redes sociales.

TikTok e Instagram incluso permiten que productos creados décadas atrás encuentren nuevas audiencias.

La nostalgia dejó de mirar solamente hacia el pasado.

También puede generar ventas presentes.

El reto está en conquistar a los nuevos niños

Tener consumidores adultos que recuerdan la marca ayuda, pero no garantiza su permanencia.

Duvalín necesita competir por la atención de generaciones rodeadas por chocolates internacionales, gomitas, productos importados y lanzamientos diseñados para redes sociales.

Ahí aparece el desafío.

La marca necesita mantenerse reconocible sin quedarse detenida.

Ediciones especiales, nuevos formatos y colaboraciones pueden generar conversación sin eliminar aquello que convirtió al producto en un clásico.

Duvalín demuestra cuánto vale una marca

Un pequeño recipiente con crema sabor chocolate, vainilla o fresa puede parecer un producto sencillo.

Comercialmente representa mucho más.

Tiene distribución, reconocimiento, recuerdos y generaciones completas que saben perfectamente cómo se come.

Eso explica por qué las grandes compañías internacionales pagan miles de millones por portafolios de marcas consolidadas.

Crear una fábrica resulta posible.

Crear décadas de recuerdos en la mente de millones de consumidores es mucho más difícil.

Duvalín demuestra que, dentro del mercado de alimentos, la nostalgia también puede convertirse en uno de los activos más valiosos de una empresa.

REDACCIÓN

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