En Chihuahua hay fechas que no se borran, aunque con el tiempo dejen de influir en la forma de tomar decisiones. El 5 de octubre de 2013 es una de ellas. Ese día, durante el Aeroshow en el Parque El Rejón, una exhibición que prometía entretenimiento terminó en una tragedia que cambió el rumbo de una tarde familiar en cuestión de segundos.
Una camioneta tipo monster truck salió de su trayectoria y embistió a decenas de asistentes que se encontraban demasiado cerca del área de maniobras. El saldo fue contundente: 9 personas fallecidas, entre ellas menores de edad, y más de 50 lesionadas. Lo que siguió fue una respuesta de emergencia que evidenció lo que ya había fallado antes del impacto: la prevención.
Años después, el episodio sigue presente en la memoria colectiva. Hay memoriales, hay conmemoraciones y hay un consenso general de que fue un punto de quiebre. Sin embargo, bajo la administración de Marco Antonio Bonilla Mendoza, Presidente Municipal de Chihuahua, la ciudad ha retomado con fuerza la organización de eventos masivos sin que sea del todo claro cuánto de aquella lección se integró en la práctica.
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La estructura actual incluye áreas encabezadas por perfiles como José Luis Jordán Orozco, mientras que la operación de eventos involucra a actores como Héctor Reyes, hijo de ex-diputado duartista. El engranaje funciona y los eventos se llenan, pero la discusión de fondo parece haberse desplazado del terreno técnico al simbólico.
El caso de Meoqui en 2024 vuelve a poner el tema sobre la mesa. El colapso de un escenario por ráfagas de viento no dejó lesionados, pero dejó claro que las condiciones pueden cambiar en segundos. La diferencia entre ese incidente y una tragedia mayor fue el momento en que ocurrió.
Bajo el gobierno de Bonilla Mendoza, el desafío no es recordar lo ocurrido, sino actuar en consecuencia. Porque la memoria, por sí sola, no reduce riesgos. Y, en Chihuahua, bajo su administración la pregunta no es si se recuerda el Aeroshow, sino si realmente se aprendió de él.









