El reordenamiento de las cadenas de suministro globales ha tenido un impacto directo en los flujos de capital internacional. En este escenario, México avanzó seis posiciones en el Índice de Confianza en la Inversión Directa Extranjera (FDICI) 2026, elaborado por la consultora estratégica Kearney. Este ascenso ubica al mercado nacional en el puesto 19 de la medición global, consolidándolo como uno de los dos países con mayor aceleración en la percepción de certidumbre para el capital externo y modificando las proyecciones de crecimiento para el cierre del año.
Este regreso al Top 20 internacional está estrechamente vinculado a la integración comercial de la región norteamericana. Mientras Estados Unidos y Canadá lideran el ranking en la primera y segunda posición, respectivamente, el territorio mexicano se posiciona como el socio operativo indispensable dentro del marco del T-MEC. El fenómeno del nearshoring ha dejado de ser una proyección teórica para convertirse en un catalizador de inversiones que transforma la estructura económica de los principales polos industriales del país.
Certidumbre jurídica frente al crecimiento industrial
El avance en el indicador de Kearney evidencia la necesidad de implementar reformas internas para fortalecer la competitividad frente a otros mercados emergentes. La llegada de flujos financieros transnacionales está sujeta a la estabilidad regulatoria y a las garantías que el entorno institucional brinde a los inversionistas de largo plazo.
«El retorno de México al Top 20 de Kearney es una señal inequívoca de que la certidumbre jurídica y la integración comercial con Norteamérica están rindiendo frutos. Sin embargo, no debemos caer en la autocomplacencia; este posicionamiento nos exige una normalización burocrática que agilice la llegada de capitales y garantice que la inversión se traduzca en infraestructura resiliente», afirmó Salomón Issa Tafich.
Rezagos operativos en servicios públicos y energía
La permanencia en los principales circuitos de inversión global depende de la capacidad del país para resolver desafíos estructurales críticos. La competencia internacional por atraer proyectos de manufactura avanzada obliga a las economías receptoras a garantizar la suficiencia y la estabilidad del suministro de servicios públicos esenciales.
La conectividad logística, la modernización de los sistemas de transporte intermodal y la seguridad energética son variables determinantes para las corporaciones multinacionales al ejecutar sus presupuestos. El desarrollo del mercado interno también requiere el fortalecimiento del ecosistema de proveedores locales, una estrategia clave para elevar el valor agregado de las exportaciones y la especialización técnica de la fuerza laboral mexicana.
Coordinación estratégica ante la volatilidad de los mercados
La volatilidad inherente a las finanzas globales exige el diseño de políticas económicas que trasciendan los ciclos políticos y las tendencias temporales de la relocalización comercial. La sostenibilidad de las ventajas competitivas actuales requiere una planificación conjunta entre los organismos institucionales y las empresas de los sectores clave.
«La confianza de los inversionistas es un activo volátil. Para mantener a México en este nivel de relevancia, es imperativo que el sector privado y las instituciones coordinen una estrategia de largo plazo que trascienda la coyuntura del nearshoring. Estamos ante una ventana de oportunidad histórica para consolidar nuestra soberanía económica mediante la eficiencia operativa», concluyó Salomón Issa Tafich.
Con este reposicionamiento, México se consolida como el principal destino para captar inversión en Iberoamérica en 2026. La agilización de los procesos administrativos y la modernización de la infraestructura básica serán los factores determinantes para retener la confianza del capital global en los próximos ejercicios fiscales.
Te sugerimos: Frida Kahlo, la artista que se convirtió en una marca global










