“Te da como un golpe de calor y te sientes como que los pies empiezan a perder fuerza. Ayer andaba trabajando y de repente el cuerpo como que ya no dio más y empecé a sentir palpitaciones.
«Y dije ‘ahí nomás’ y mejor fui a tomar agua y ya me empecé a recuperar, y de ahí descansas o algo buscas o hablas con tu encargado”, narra Alejo del Ángel Pérez, jornalero agrícola en Autlán, Jalisco.
El mundo no ha parado de calentarse. Esta semana se registraron nuevamente las temperaturas más altas en la historia en el planeta, superando los récords registrados en julio del año pasado y acumulando 13 meses consecutivos como los más calurosos desde que se tiene registro, estima el Servicio de Cambio Climático Copérnico de la Unión Europea.
El cambio climático y el aumento de la temperatura en el mundo han acelerado su impacto en el entorno laboral y el caso de Alejo del Ángel se multiplica por millones. De hecho, en las últimas dos décadas, el número de trabajadores expuestos a olas de calor ha crecido 66%, estima la Organización Internacional del Trabajo (OIT), para llegar a un número de 231 millones de personas.
De acuerdo con el informe El calor en el trabajo: Implicaciones para la seguridad y la salud difundido por la organización este jueves, cada vez más personas están expuestas al estrés térmico en su espacio laboral, lo que se ha convertido en un problema cada vez más generalizado en todo el mundo.
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