La reciente imposición de aranceles del 50% a vehículos importados desde China, Tailandia e Indonesia ha redefinido las reglas del juego para el sector automotor en México. En este nuevo contexto, Mitsubishi Motors se encuentra en una posición particularmente ventajosa gracias a su integración en la Alianza Renault-Nissan-Mitsubishi, lo que le permite acceder a permisos especiales de importación que mitigan estos costos adicionales.
De acuerdo con Ah Kin Vázquez, CEO de Mitsubishi Motors México, esta sinergia regional protege actualmente a la marca de los efectos adversos de las medidas arancelarias impuestas por el gobierno mexicano. Modelos clave como el Outlander PHEV, cuya fabricación se distribuye entre Japón y otras naciones asiáticas, han logrado mantener su competitividad gracias a estos beneficios logísticos y fiscales.
Permisos propios y nueva planta: una ruta hacia la autonomía
No obstante, la marca ya proyecta una estrategia de mediano y largo plazo que apunta a una mayor independencia operativa. Mitsubishi busca gestionar sus propios permisos de importación, desligándose progresivamente de la infraestructura normativa y comercial que comparte con sus socios. Esta decisión responde a la necesidad de garantizar márgenes de maniobra ante posibles cambios geopolíticos o regulatorios futuros.
Además, Mitsubishi contempla la posibilidad de establecer una planta de ensamblaje en México, una medida que permitiría sortear completamente las barreras arancelarias. Si bien no se trata de un proyecto inmediato, la empresa ya analiza su viabilidad con perspectiva realista. El impacto sería significativo: reducción de costos finales, fortalecimiento de su presencia regional y mayor competitividad frente a una oferta automotriz cada vez más fragmentada.
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