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Hoy las automotrices chinas compiten directamente contra las grandes marcas de Europa, Japón y Estados Unidos.
Pero el camino comenzó mucho antes del actual boom de los autos eléctricos.
Una de las operaciones que mejor explica ese cambio ocurrió en 2010, cuando Zhejiang Geely Holding Group compró Volvo Cars a Ford Motor Company por 1,800 millones de dólares.
La compra puso una histórica marca sueca bajo el control de un grupo automotriz chino.
Y cambió el tamaño de Geely.
Ford había comprado Volvo Cars en 1999.
Una década después, la crisis financiera mundial golpeó al mercado automotriz. Volvo cerró 2009 con ventas globales de 334,808 vehículos y Ford ya analizaba desprenderse de la compañía.
Geely apareció como comprador.
El acuerdo se firmó en marzo de 2010 y la adquisición se completó el 2 de agosto.
Geely adquirió el 100% de Volvo Cars.
El precio acordado fue de 1,800 millones de dólares.
Geely utilizó recursos propios, financiamiento de instituciones chinas y capital internacional para completar la operación.
Pero la compañía no compraba solamente fábricas y automóviles.
Adquiría una marca reconocida internacionalmente por seguridad, ingeniería y diseño escandinavo.
También conseguía experiencia tecnológica y presencia comercial en mercados donde las compañías chinas todavía tenían dificultades para posicionarse.
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Una de las decisiones más importantes fue evitar convertir a Volvo simplemente en otra marca de Geely.
Volvo mantuvo su sede en Suecia y sus operaciones industriales europeas.
La compañía también recibió autonomía para desarrollar su estrategia bajo la dirección de su nuevo consejo.
Años después, Volvo describió aquella etapa como una transformación hacia una compañía premium independiente bajo propiedad de Geely.
Entre 2010 y 2015 realizó importantes inversiones en tecnología, organización y expansión internacional.
Los resultados comenzaron a aparecer.
Volvo pasó de vender 334,808 automóviles en 2009 a superar las 500,000 unidades anuales en 2015.
La compañía también desarrolló nuevas plataformas, motores y modelos.
El XC90 de nueva generación se convirtió en uno de los productos que simbolizaron aquella nueva etapa.
Geely consiguió algo todavía más importante.
Demostró que una compañía china podía adquirir una marca occidental histórica sin necesariamente destruir su identidad.
La operación también anticipó un cambio mayor.
Durante años, buena parte de la industria china estuvo relacionada internacionalmente con vehículos económicos y producción de bajo costo.
Comprar Volvo permitió acceder a otro terreno.
Ingeniería, seguridad, diseño y automóviles premium.
Geely comenzó a construir un ecosistema mucho más amplio de marcas y tecnologías.
La estrategia ayudó a preparar al grupo para una industria donde electrificación, software y plataformas compartidas serían cada vez más importantes.
Los 1,800 millones de dólares pagados en 2010 resultan especialmente llamativos cuando se observa la evolución posterior de Volvo.
La marca amplió ventas, desarrolló nuevas tecnologías y fortaleció su presencia internacional.
La adquisición también ocurrió antes de que las automotrices chinas se convirtieran en protagonistas centrales del mercado mundial.
Geely compró una marca histórica en un momento complicado.
Después invirtió en ella.
Esa combinación convirtió la operación en un caso de estudio sobre adquisiciones internacionales.
Cuando Geely compró Volvo, el movimiento generó dudas sobre el futuro de la compañía sueca.
Más de una década después, la adquisición ayuda a explicar cómo cambió la industria.
China dejó de participar únicamente como centro de producción.
Sus empresas comenzaron a comprar marcas, desarrollar tecnología y competir directamente en mercados internacionales.
Geely no compró solamente Volvo por 1,800 millones de dólares. Compró experiencia, reputación y una puerta de entrada al mercado automotriz premium mundial.
Y esa apuesta llegó años antes de que el automóvil chino comenzara a sacudir definitivamente al mercado global.
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