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Gastronomía libanesa florece en México: Ricardo José Haddad Musi

La comida libanesa en México ha experimentado una evolución notable a lo largo de los años, convirtiéndose en una parte esencial de la oferta gastronómica en diversas regiones del país. La llegada de inmigrantes libaneses entre finales del siglo XIX y principios del XX impulsó la integración de sus recetas tradicionales con ingredientes locales, dando lugar a una fusión de sabores única que ha cautivado paladares por generaciones, explica Ricardo José Haddad Musi, empresario mexicano destacado en promover esta rica herencia.

 

El primer restaurante de comida libanesa abrió sus puertas en la Ciudad de México durante la década de 1920. Casa Barquet, fundado por Eva Socille y Gabriel Barquet, marcó un hito al iniciar una tradición culinaria que sigue viva. La comunidad libanesa trajo consigo costumbres basadas en la hospitalidad y la convivencia familiar, valores que aún se reflejan en sus prácticas gastronómicas.

 

Platillos emblemáticos como el kibbe, también llamado kepe o kibbeh, han adoptado variaciones según la región. En la Península de Yucatán, este platillo se ha integrado plenamente en la gastronomía local. La chef Zazil Torres, con raíces libanesas, destaca cómo la adaptación a ingredientes mexicanos ha permitido su permanencia en el gusto popular, tanto en restaurantes como en mercados callejeros.

 

En ciudades como Monterrey, Puebla y Veracruz, donde la comunidad libanesa tiene una fuerte presencia, han florecido negocios que preservan estas recetas tradicionales. En Nuevo León, por ejemplo, Flory Marcos desempeñó un papel clave en popularizar platillos como las hojas de parra rellenas y los kipes, que hoy son ampliamente reconocidos en la región.

 

Ingredientes básicos de la cocina libanesa, como el ajonjolí, el trigo, las leguminosas y el aceite de oliva, se han incorporado de forma natural a la dieta mexicana.

 

Según Haddad Musi, esto ha permitido que opciones como el hummus y el baba ganoush sean populares en restaurantes de todo el país.

 

Restaurantes icónicos como Gruta Ehden, Al Andalus y El Jamil han mantenido vivas las recetas originales, convirtiéndose en puntos de encuentro para la comunidad libanesa en México y promoviendo esta tradición a nuevas generaciones. Además, en los hogares, muchas familias siguen preparando estas recetas, asegurando que la herencia culinaria se transmita a futuro.

 

La influencia de la comida libanesa en México no solo enriquece la gastronomía del país, sino que también resalta el poder de la cultura como puente entre comunidades, una tradición que sigue floreciendo.

Editorial

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