América Latina se ha convertido en un campo de batalla entre Estados Unidos y China. Los países de la región se ven obligados a escoger un bando presionados por la nueva política comercial impuesta de Donald Trump.
La administración del republicano hasta ahora ha preferido más el garrote que la zanahoria en su estrategia para contrarrestar la creciente influencia en la región de China, percibida como una amenaza a la seguridad nacional y la economía estadounidenses.
En varias ocasiones, Trump amenazó con «retomar» el control del canal de Panamá, construido por Estados Unidos, si no reducía la supuesta influencia china en esta vía marítima comercial por la que pasa el 40% de mercancías estadounidenses.
China también es blanco indirecto de los aranceles que anunció Trump sobre el acero y el aluminio provenientes de países aliados como México. La Casa Blanca afirma que los productores chinos abusan del tratado de libre comercio de Norteamérica T-MEC para hacer pasar aluminio a Estados Unidos vía México para evitar aranceles.
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