El oro ha cruzado un umbral inédito en los mercados internacionales. En España, su cotización al contado ya supera los 5.500 dólares por onza, impulsada por la debilidad del dólar, el endurecimiento de los riesgos geopolíticos y el repunte del apetito por activos refugio.
Desde agosto de 2024, cuando se situó por primera vez por encima de los 2.500 dólares, el precio del metal ha más que duplicado su valor. En paralelo, la plata supera los 116 dólares por onza, con una apreciación acumulada de más del 50% en lo que va de 2026. Aunque algunos analistas detectan señales de sobrecalentamiento, el consenso apunta a que los factores estructurales continúan respaldando la tendencia alcista del precio del oro.
El contexto macroeconómico y político está redefiniendo la demanda. Según Schroders, la revalorización del oro en 2025 superó los registros históricos y se compara con ciclos disruptivos como el de los años setenta. La deuda global y las tensiones geopolíticas son hoy los motores clave.
Precio del oro: fundamentos sólidos y espacio para institucionales
Desde J. Safra Sarasin y DJE Kapital coinciden en que las compras de bancos centrales y ETFs continúan actuando como soporte, reforzando su papel como activo estratégico ante un dólar debilitado y un entorno fiscal expansivo. La oferta inelástica, con un crecimiento minero inferior al 2% anual, amplifica el impacto de cada nueva ola de demanda.
A pesar del fuerte rally, Jupiter AM advierte que el grueso del capital institucional aún no ha entrado, lo que sugiere un margen adicional de crecimiento. El segmento minero, en cambio, sigue rezagado, con compañías que no han reflejado en bolsa los márgenes crecientes de caja.
Desde Bank of America, el riesgo no se ignora: su indicador BRI apunta a volatilidad elevada, lo que exige cautela táctica ante un mercado que, si bien sigue estructuralmente respaldado, se ha vuelto más especulativo en el corto plazo.
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