Durante décadas, entrar a una cafetería significaba elegir entre diferentes preparaciones de café.
Hoy el menú cambió.
Matcha latte y chai latte ocupan cada vez más espacio junto al cappuccino, americano y latte tradicional.
Las dos bebidas tienen siglos de historia. Sin embargo, el mercado moderno las convirtió en productos aspiracionales capaces de venderse en cafeterías, supermercados y comercio electrónico.
Ahora compiten por el consumidor que quiere algo diferente al café.
El matcha vende estética
Pocas bebidas encontraron en las redes sociales un escaparate tan poderoso como el matcha.
Su intenso color verde funciona especialmente bien en fotografías y videos.
Las cafeterías aprovecharon esa característica.
Matcha con fresa, coco, vainilla, pistache y diferentes tipos de leche convirtió una preparación tradicional japonesa en una plataforma para crear bebidas.
El resultado también tiene un componente aspiracional.
El vaso transparente, el verde intenso y las diferentes capas forman parte de la experiencia.
El consumidor no compra solamente una bebida.
También compra algo que puede compartir.
El chai juega otra carta
El chai tiene una identidad diferente.
Especias como canela, cardamomo, jengibre y clavo construyen un perfil relacionado con aromas intensos y bebidas reconfortantes.
El popular chai latte occidental facilitó su expansión comercial.
Las cafeterías pueden prepararlo mediante concentrados, polvos o mezclas.
Eso permite mantener cierta consistencia y acelerar el servicio.
Su sabor también facilita combinaciones con vainilla, miel, calabaza y otras tendencias estacionales.
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Matcha tiene una ventaja premium
El matcha puede alcanzar precios elevados según su calidad y origen.
Las diferencias entre productos destinados a preparación cotidiana y aquellos de mayor calidad permiten construir distintos niveles comerciales.
Para las cafeterías, esto abre una oportunidad.
Pueden convertir el origen, método de preparación y calidad del polvo en argumentos para elevar el precio.
La ceremonia y la historia también aportan valor.
Sin embargo, la popularidad internacional genera presión sobre la oferta y obliga al mercado a prestar mayor atención al origen y calidad del producto.
Chai tiene una ventaja operativa
El chai puede resultar más sencillo para determinadas operaciones comerciales.
Los concentrados permiten preparar bebidas rápidamente.
Una cafetería puede agregar leche, hielo y otros ingredientes sin desarrollar procesos demasiado complejos.
Además, puede ofrecer versiones calientes y frías.
Esta flexibilidad resulta atractiva para cadenas que necesitan reproducir una bebida miles de veces.
Starbucks ayudó a llevarlos al mercado masivo
Las grandes cadenas tuvieron un papel importante en la expansión de ambas categorías.
Cuando una compañía incorpora matcha o chai a su menú, millones de consumidores tienen la oportunidad de probarlos.
Después aparecen versiones en cafeterías independientes.
Finalmente llegan los experimentos.
Dirty chai con espresso. Strawberry matcha. Matcha con espuma fría. Chai con sabores de temporada.
Una bebida se convierte así en una categoría completa.
TikTok inclinó la conversación hacia el matcha
Actualmente el matcha tiene una enorme ventaja visual.
Videos mostrando cómo se bate el polvo o cómo se vierte sobre leche generan contenido atractivo.
Las cafeterías entendieron rápidamente el fenómeno.
Una bebida llamativa puede generar cientos de publicaciones creadas por los propios clientes.
Eso reduce la distancia entre producto y publicidad.
El chai tiene menos impacto visual, pero compensa con sabores familiares y posibilidades estacionales.
¿Cuál tiene mayor oportunidad?
No necesariamente tiene que existir un ganador.
Matcha y chai responden a diferentes momentos de consumo.
El matcha puede posicionarse alrededor de estética, ritual y premiumización.
El chai puede competir mediante sabor, conveniencia y personalización.
Ambos tienen otra ventaja: permiten cobrar por modificaciones.
Leche vegetal, espuma, jarabes, sabores y tamaños pueden elevar el ticket final.
El verdadero rival sigue siendo el café
La batalla más interesante no ocurre entre matcha y chai.
Ocurre contra décadas de dominio del café.
Cada consumidor que sustituye un latte tradicional por matcha o chai representa una oportunidad para una nueva cadena de proveedores.
Productores, importadores, fabricantes de concentrados, cafeterías y marcas de bebidas listas para tomar participan en ella.
Por eso las dos categorías tienen tanto potencial.
Matcha y chai demostraron que una bebida tradicional puede reinventarse para conquistar al consumidor moderno.
Una vende verde, ritual y estética.
La otra vende especias, aroma y comodidad.
Las cafeterías descubrieron que pueden vender ambas.
Y mientras el consumidor siga buscando alternativas al café, esta batalla apenas comienza.











